Serendipia


 


“No creas que no valió la pena
no creas que no eres importante
al contrario, yo te amé con toda el alma”

 

 

 

De vez en cuando escucho una palabra o una canción que me recuerda a ti. Cualquiera que se haya enamorado sabe que es algo inevitable, sin importar cuánto tiempo haya pasado. Al principio ahuyentaba ese pensamiento, evitaba volver al recuerdo de tu voz, de tus manos, de tu rostro; buscaba mil maneras de distraerme para no pensar en nosotros y de ser posible, olvidarlo todo. Pero ahora más de 4 años después, las heridas ya sanaron, mi mente está clara, y el dolor extinto. Hoy puedo recordar con una sonrisa todo lo que fuimos, y escribo esto porque creo que es algo que vale la pena contar.

 

Me parece irreal que una simple interacción en redes sociales evolucione hasta convertirse en un plan de vida, el cómo un simple mensaje abre paso a toda una colección de frases, poemas, canciones, encuentros, secretos. A él y a mí nos bastó un like para darnos cuenta de que queríamos conocernos y darnos la oportunidad de descubrir si podíamos construir algo juntos. Y nos bastó un día para saber que sí, que no sólo podíamos, sino que lo haríamos.

 

¿Qué clase de persona acepta una primera cita que consistía en ir por carretera hacia un destino incierto, con un desconocido? No sé si lo mío fue idiotez o simplemente la emoción de salir con el que parecía ser el hombre de mis sueños, pero decirle que sí fue una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. Yo no sabía nada de él, él no sabía nada de mí, pero ese día, teniéndolo cerca, sentí que había encontrado un lugar en el que era bienvenida, en el que llevaban mucho tiempo esperándome. Recuerdo caminar por las calles empedradas de San Miguel pensando "ojalá quiera quedarse". Recuerdo que puso el mejor soundtrack para la ocasión, que el atardecer se lució como si supiera que dos personas estaban a punto de enamorarse; que no comí nada ese día, pero tampoco me hizo falta porque estaba llena de emociones. Fueron más de 6 horas las que pasamos juntos, y un preámbulo precioso para todo lo que íbamos a vivir.

 

Después de eso vinieron meses de la mano, descubriéndonos, tratando de querernos de la mejor forma posible. No podría jamás terminar de escribir sobre nuestros momentos: el concierto de Coldplay, las bodas de amigos y familia, Vallarta, la oficina, su casa, mi casa, el fin de semana en León… Amor, fuiste y serás por siempre el primer hombre que me enamoró así, que me acompañó y enseñó muchísimo sobre la vida, que se desvivió por hacerme feliz, que trabajaba sin descanso para llenarme de regalos, que cambiaba planes para poder estar conmigo, que me dedicó tiempo y atención como nadie; el primer hombre que me hizo sentir como una diosa, que me acarició con amor y me protegió de todo mal. Un hombre fiel, cariñoso, sensible, detallista, caballeroso, perfecto. Así he decidido recordarte. Aunque ambos sabemos que ni tú ni yo fuimos perfectos, y que al final pareció que nada de lo bueno había valido la pena.  

 

No sé si fuimos muy tontos, inmaduros, o simplemente nunca encajamos bien, pero lo correcto es admitir que desde siempre hubo problemas. Vivíamos en una especie de paraíso con tormentas recurrentes, un idilio doloroso que alargamos con la esperanza de que en algún punto todo iba a mejorar. Es imposible plasmar con palabras lo que estaba mal; fueron tantos problemas, tantas discusiones, malentendidos y frustraciones, que al final no pude entender cómo fue que algo tan divino se pudrió de esa forma.

 

Y nos dijimos cosas que nunca deberían ser dichas, escribimos palabras que jamás deberían ser dirigidas hacia nadie, nos atacamos como si estuviéramos en medio de una guerra que al final nadie ganó; no supimos darnos cuenta de que nuestro único enemigo era el dolor que nos habíamos causado, no pudimos ver que en nuestro afán de defender las ideas que cada uno tenía, nos destruimos como pareja, y como personas. Y al final, en medio de las ruinas, nació todo el rencor y el desprecio que dos personas que se amaron jamás deberían sentir.

 

Y tenías razón en muchas cosas: soy una excelente mentirosa, se me hace fácil manipular a la gente, a veces no mido mis palabras y puedo herir profundamente, tiendo a ser egoísta, no sé de límites y también soy muy buena actriz. Pero te equivocaste en algo, tal vez en lo más importante: yo nunca quise lastimarte, y tampoco fingí nada contigo. Fui arrancando de mí todo lo que no te gustaba hasta que quedó una persona completamente distinta, totalmente a tu disposición, diseñada a tu manera. Tal vez ese fue mi error, intentar ser perfecta para ti, y hacerlo a base de mentiras. Tal vez por eso cuando te fuiste, lo único que quedó de mí fueron pedacitos rotos.

 

Pero he decidido no recordar eso, prefiero recordarte como el primer hombre al que amé. Durante mucho tiempo me convencí de que había sido dependencia, apego, una especie de síndrome de Estocolmo; cualquier sentimiento excepto amor, pero no. Yo a ti te quise «no el doble, ni por dos, ni al cuadrado, sino con la fuerza de un ejército de tres mil latidos y doscientos litros de sangre que queriéndote dar más de lo que tiene, te da todo lo que es». Te quise más allá de mí, te quise de forma imprudente y peligrosa, te quise antes de quererme a mí, y eso no fue culpa tuya. Yo renuncié a mi individualidad porque creí que era la mejor forma de amarte, ambos aceptamos el dolor y las ofensas porque pensamos que era la única forma de mantener nuestra relación. Hoy entiendo que es todo lo contrario, pero para nosotros ya fue muy tarde.

 

Sé que lo intentamos con todas nuestras fuerzas, que dimos de nosotros hasta que ya no quedó nada. Que para muchos fue un error, pero hoy puedo decir con certeza que no, que fuimos el desastre más grande del mundo, pero los momentos de amor perduran y sobresalen entre todo lo amargo.

 

Vivimos muchas cosas juntos: te vi decidir tu futuro y te escuché llorar de frustración cuando parecía que habías tomado la decisión equivocada. Estuve contigo cuando la enfermedad secuestraba a tus seres queridos y te tomé de la mano mientras la muerte visitaba tu hogar. Tal vez no lo hice de la forma en que tú querías, tal vez a tus ojos me faltó dar más; pero amor, yo sufrí contigo, lloré contigo, rezaba para poder ayudarte a cargar con todo el dolor que de repente llegó a tu vida. Pero no pude, creo que al final estorbé más de lo que ayudé, y llegó un punto en el que me convertí en el villano de la historia.

 

Pero perdoné todo, mis errores y los tuyos. Espero que al día de hoy tú también hayas logrado perdonar y nos recuerdes con ternura, pero entiendo si no puedes hacerlo. Hoy entiendo cosas que ayer no, y te vuelvo a ofrecer disculpas por no haber sabido ser ni hacer lo que necesitabas. Vivimos nuestra historia de formas muy distintas, y al final pienso que tuvimos tanta culpa los dos, que terminó siendo culpa de nadie.

 

Lo que intento decir es que no hay forma de olvidarte. Recuerdo que solía decirte que sería siempre tuya, y aunque hoy sé que no soy propiedad de nadie, entiendo a lo que me refería en ese entonces: una parte de mí corazón, de mi alma y de mi mente serán siempre tuyas, porque el lugar que ocupaste en mí lleva tu nombre, y he comprobado que no se borra con el paso del tiempo.

 

Te recuerdo porque ese amor ha sido lo más fuerte e intenso que he sentido, y hasta el día de hoy, no he encontrado nada que se acerque a lo que tuvimos.

 

Y te recuerdo también porque, nos guste o no, vives a 2 cuadras de mi casa, y desde mi jardín a veces veo a tus perros corriendo por la calle.

 

 

 

Con cariño, tu vecina del #303.


Comentarios

Entradas populares