Grito ahogado

 

Yo no quise ser la primera

ni el amor de tu vida siquiera.

Fui tu amiga, fui tu consejera

me dejé llevar y no valió la pena.

¿Dónde estás? ¿Cómo te va?

Me pregunto si aún sigo sola.

 

¿Cómo le explico a la gente lo que fuimos? ¿Cómo no perder la cabeza pensando en nosotros? ¿Éramos algo más que la notificación diaria en el celular? Yo, la incondicional, la enamorada. ¿Tú? Eres, fuiste y serás. Mucho y a la vez nada; paz, entendimiento, fuerza, calma, lógica. Dolor, ausencia, incertidumbre, la incógnita más grande. 

¿Qué se hace cuando eres incapaz de discernir entre lo que fue, y lo que tú creías que era? Cuando los sentimientos engañan y el romanticismo deforma hasta el mínimo detalle de la realidad, lo único que queda es confiar en tu memoria y en tu juicio. ¿A quién le creo: a mi alma, que confundía cualquier muestra de afecto con una señal de amor, o a mi mente, que te creía el hombre más inteligente y correcto con el que se había topado?

¿Qué hago? ¿Por qué después de tanto tiempo sigo tan conflictuada? ¿Cómo llego a una conclusión si ya no estás aquí, si hasta el último momento fuiste incapaz de verme a la cara y decirme hasta la más dura verdad, o la más tierna confesión? ¿Por qué si yo te conté mi más desgarradora realidad, fuiste tú incapaz de contarme tu historia?

Lo único que puedo afirmar con seguridad es que tu nombre todavía quema. El recuerdo de tus ojos frente a los míos y tu voz ahuyentando el ruido es suficiente para entender que por mucho que lo niegue y por mucho que me aferre a estas ganas de no seguir extrañándote, te llevo en mí a cada momento. Mi vida sigue y no se detendrá ni por ti ni por nadie, pero qué ganas de volver a abrazarte, de decirte que aquí nada está bien y que a pesar de eso no te necesito. Que sería un alivio volver a respirar en tu hombro y huir de aquí, de mí misma; que he salido de muchas desde que no estás, pero que en mi vida llena de vacíos, tu ausencia sigue siendo el ruido más ensordecedor y la pena más agotadora.

El peor luto es aquél que se le guarda a los vivos. Y yo no he terminado de enterrarte.  

 

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